viernes, 20 de febrero de 2015

XV. Un muy feliz cumpleaños

" A todo aquel que conoce mi verdadera identidad -agradecería que no fuera revelada- le suele hacer gracia que mi cumpleaños coincida con el día de San Valentín. Con el paso de los años, a mi también comienza a resultarme gracioso:"

Resultaba curioso la forma que tuve de levantarme aquel 14 de Febrero del año 20..  <<no lo recuerdo ya..>>. Me desperté en el suelo aterrorizado y preguntándome por que me encontraba en tan extraño paradero. Fiona se encontraba en mi casa esperándome con el desayuno -debió cogerme las llaves sin que me diese cuenta- que disfrutamos ambos en el jardín, ante el despertar del sol. Ver el amanecer fue un comienzo de día inolvidable. 

Fuimos a pasear a la playa; a pesar de la época en la que nos encontrábamos el frío no hizo acto de presencia, por lo que la estancia en aquel lugar era de lo más agradable. 

No me hacía falta ningún regalo en aquel momento, tenía todo lo que quería para ser feliz, un buen lugar para vivir, un buen clima, el O'Conells, y por supuesto, a Fiona. A pesar de ello, mi chica me regalo un reloj que todavía luce mi muñeca izquierda -ahora mismo marca las 3:00pm- que me hizo mucha ilusión.

Por la noche nos juntamos todos para cenar en un conocido restaurante de la ciudad -y me tocó pagar a mi, por supuesto- para celebrar toda una vida juntos.

Alguno creerá que me conformo con poca cosa, y no se equivoca; ¿quien quiere un teléfono móvil de 1000 euros o un avión privado si no tiene con quien compartirlos? Prefiero estar rodeado de gente que me quiere, ya que los amigos son el mejor tesoro que tenemos

domingo, 18 de enero de 2015

Capítulo XIV


Escuchen: Let her go

Comenzaba un nuevo año, y tocaba volver a la universidad de Dublín, con Fiona acompañándome a la facultad de historia. Me decidí por estudiar historia desde que comencé a tener uso de razón. Me sorprendió la decisión de mi "compañera", nunca tuve constancia de que le gustase dicha carrera universitaria. 

En los primeros días de clase sufrí lo que es conocido como "Síndrome postvacacional" pero tener a alguien como Fiona al lado me ayudaba a superarlo. Como trabajaba por las tardes, ganaba lo suficiente como para no pasar apuros, y es por lo que en muchas ocasiones Fiona y yo disfrutábamos de veladas románticas a la luz de la luna.
Recordaba lo que sufrí por no tenerla a mi lado,  "Only know you love her when you let her go" Es cierto, solo sabes que la quieres cuando la dejas marchar. 

Estaba muy contento por estar con Fiona, pero siempre tuve la sensación de que me faltaba algo, el caso es que íbamos juntos a la universidad, y volvíamos de la misma y así día sí y día también, caímos en la rutina y nos costaba salir de ella. Ella no era muy expresiva, era insegura, algo tímida, por eso me encantaba, porque era tal y como soy. Traté de disfrutar de su presencia en todo momento, vivir hasta el último suspiro que transcurría junto a ella, la echaba tanto de menos después... 

Una soleada tarde quedamos en el paseo que conduce al faro, un lugar que no he mencionado antes, pero que me encanta. Ante la ausencia de la luz, Fiona se las bastaba sola para hacer brillar aquella estancia, no sé qué es lo que brillaba, pero no le pude quitar el ojo de encima. No sé si conocéis la sensación que recorre vuestro cuerpo cuando estáis enamorados, cuando los labios de tu ser querido rozan con los tuyos, recordando las largas noches de sufrimiento que a su vez compensaban con los pocos segundos de inmensa felicidad. 

La lluvia arrecía mientras la noche se echaba encima, la invité a pasar la noche en mi casa, ya que tuvimos que atravesar corriendo el paseo marítimo, y como ninguno de nosotros llevó paraguas, llegamos empapados a casa. Preparé café para ambos, y comencé a leer una de las novelas de Julio 
Verne que reposaba en mi estantería, sin embargo, no recuerdo el título de la novela.  


lunes, 5 de enero de 2015

Capítulo XIII


Año nuevo vida nueva se suele decir, cosa no aplicable a mi, ya que al segundo día del año me encontraba junto a la barra de un bar que conocí días atrás. Soy una persona de costumbres, respondo yo. Sí, era consciente de que ahogando mis penas en alcohol no iba a sacar nada de provecho, todo lo contrario, no haría mas que perder el poco dinero que me quedaba. 

Cuando pensaba en mandar a tomar viento al imbécil de mi jefe mi mente recordaba lo mucho que necesitaba el sueldo -eran cuatro duros, pero necesitaba dinero para vivir- si quería seguir viviendo aquí. Si para algo necesitaba el dinero era para pagar al timador de mi casero, otro al que también hubiera perdido de vista si no fuera por su piso.. Entonces fue cuando recibí una llamada que me cambiaría la vida. 

- Peter, soy Fiona, el otro día hablé con Spencer
- ¿Y bien? -respondí-
- Me contó el motivo por el que dejaste a May, aun sabiendo 
lo mucho que te gustaba -dijo temblando-
-Lo hice por principios, no me quedaba elección

Al fin parecía que ser buena persona -gilipollas- me iba a ser útil. Mi amor por Fiona aumentaba cada segundo que duraba la llamada, la espera daba su resultado, me llevé la que fue probablemente la mejor alegría que me he llevado hasta tal día. Pues bien, no dude en partir hacia Irlanda, cogí el primer vuelo del día siguiente y para cuando quise darme cuenta estaba en el O´Conell´s tomando unas pintas con mi gente cercana, con una persona al que le debo todo, que no era otro que el gran Spencer: 

-Gracias tío, eres un crack- dije sonriendo
-Por ti haría todo, no lo dudes- dijo Spencer


"Nos vimos al siguiente día de mi llegada a Irlanda, nos fundimos en un abrazo que duró hasta la eternidad, y no quise soltarla jamás. Era el comienzo de una nueva aventura, y tenía lo suficiente para avanzar sin temor a nada."   


Poder comenzar el año al lado de mi querida, era todo lo que necesitaba para ser feliz. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Oda a una vida mejor


Es difícil vivir sin tenerte a mi lado, 
sin verte sonreír, ni crecer, ni sentir.
Es difícil no mirar al pasado, 
olvidar los errores, 
creer en un futuro mejor.
Van pasando los años
y la vida nos enseña lo jodida que es.
Solo unos pocos son los elegidos, 
los que llevan consigo la fortuna.
Todos los demás, pagamos, luchamos, 
por un mundo mejor.
¿Quieres un consejo? 
Sé tu mismo y no te dejes arrastrar, 
¿así la felicidad encontrarás? 
Inténtalo y ya me dirás.

                                            McGalloway

miércoles, 24 de diciembre de 2014

XII. ¿Feliz Navidad?

Como bien sabéis, me encontraba en la capital alemana, que no es otra que la preciosa ciudad de Berlín. Era Nochebuena, y no tenía planeado nada que no se pareciera a celebrar tan especial día en soledad. Todo cambió cuando recibí la llamada de Angélica invitándome a cenar a su casa, para celebrar dicho acontecimiento. No dudé pues, en aceptar la invitación, la cual generó en mi una desmesurada ilusión. Cojí la mejor botella de vino que descansaba entre mi colección y partí de mi pequeño hogar.

Lo que me encontré al llegar al hogar de Angélica no me sorprendió -uno se acostumbra a recibir decepciones constantemente, por lo que siempre espera alguna más-  en efecto, se encontraba abrazada por un chico, por lo que no era necesario ser un premio novel para intuir que aquel hombre era su pareja.
La noche comenzó mal, como suele comenzar normalmente todo alrededor de mi existencia.  La noche fue larga: hablamos, reímos, pero claro, estaba él, Robert, quien era una barrera insuperable en cualquier desesperado intento por hacerme con ella. Era completamente imposible intentar nada en esas condiciones, "no se ha levantado ni una sola vez de la mesa el muy.." -pensé.

En definitiva, partí de vuelta a casa con las manos vacías, y con un vacío interior que no podría compensar ni siquiera el último modelo de teléfono móvil cuya marca no pienso mencionar. Por si os preguntáis que es lo que me regalé -o que me compré, mejor dicho- por navidad, debéis saber que lo único que recibí fue un poco de imaginación, otro poco de ilusión, y una pizca de esperanza para tratar de continuar con la historia.

¡FELIZ NAVIDAD! 

lunes, 15 de diciembre de 2014

XI. Volver a empezar



Me encanta Irlanda, es un gran país, con buenas gentes y bellos paisajes. Pero necesitaba un cambio de aires, necesitaba largarme, todo me recordaba a Fiona, y sabía que no dejaría de pensar en ella si seguía estando aquí. Decidí coger las maletas y marcharme de vacaciones a un país que desde pequeño había deseado conocer: Alemania. 

Cogí el vuelo de las 11 a.m. con destino Berlín y partí para lo que yo llamé "vacaciones", pero ¿y si realmente serían vacaciones permanentes? 

Nada más aterrizar me dí cuenta de lo ingenuo que había sido al no llevar ropa encima en el equipaje de mano, estaba en plena calle, en manga corta, con una temperatura de 5ºC, la gente me miraba con cara rara, pero acostumbrado a la fría Irlanda, me parecía hasta calor, (bueno, vale, no me lo parecía).

Después de un buen rato, conseguí llegar al hotel, dejé las maletas y salí a visitar las calles de la capital. 
Fruto de la casualidad, me encontré con una antigua conocida, Angélica, la que conocí en Roma, en un viaje que realicé hace 2 años -por el cual me extrañó que me reconociese- 

- ¿Peter, ¿qué haces aquí?
- Perdona, creo que no te conozco, ¿quien eres? 
- ¿No me recuerdas? ¡Soy Angélica!

La invité a una cerveza, y hablamos de nuestras cosas, de lo que habíamos vivido en estos 2 últimos años...
Me dijo que ahora vivía en Berlín, y me invitó a pasar la noche en su casa -entendedlo como queráis- 

<<Creo que voy a pasar mucho tiempo en Alemania>> 


martes, 2 de diciembre de 2014

Oda a...

Te observé detenidamente, en aquella fría mañana de diciembre. 
Ni siquiera llegaste a darte cuenta de que mi mirada estaba anclada a tus ojos.
Tus preciosos ojos, no puedo dejar de mirarlos... 

Estabas tan sonriente como te recordaba tiempos atrás, tu sonrisa de niña buena
y dulce como la miel, brilla en aquel día nublado. 

No dejo de olvidarte por mucho que pasen horas, días, meses, años.
Pase delante de mis ojos la eternidad, pero vos tendrá sitio en mi corazón. 

Me alejo poco a poco de ti, y el viento recorre mis entrañas, mi subconsciente suspira por quedarse a tu lado, pero mi conciencia grita por alejarse de aquel lugar. 

Se que nos volveremos a encontrar; 
pero quizás sea demasiado tarde, cuando me vuelva a presentar. 

McGalloway