Como bien sabéis, me encontraba en la capital alemana, que no es otra que la preciosa ciudad de Berlín. Era Nochebuena, y no tenía planeado nada que no se pareciera a celebrar tan especial día en soledad. Todo cambió cuando recibí la llamada de Angélica invitándome a cenar a su casa, para celebrar dicho acontecimiento. No dudé pues, en aceptar la invitación, la cual generó en mi una desmesurada ilusión. Cojí la mejor botella de vino que descansaba entre mi colección y partí de mi pequeño hogar.
Lo que me encontré al llegar al hogar de Angélica no me sorprendió -uno se acostumbra a recibir decepciones constantemente, por lo que siempre espera alguna más- en efecto, se encontraba abrazada por un chico, por lo que no era necesario ser un premio novel para intuir que aquel hombre era su pareja.
La noche comenzó mal, como suele comenzar normalmente todo alrededor de mi existencia. La noche fue larga: hablamos, reímos, pero claro, estaba él, Robert, quien era una barrera insuperable en cualquier desesperado intento por hacerme con ella. Era completamente imposible intentar nada en esas condiciones, "no se ha levantado ni una sola vez de la mesa el muy.." -pensé.
En definitiva, partí de vuelta a casa con las manos vacías, y con un vacío interior que no podría compensar ni siquiera el último modelo de teléfono móvil cuya marca no pienso mencionar. Por si os preguntáis que es lo que me regalé -o que me compré, mejor dicho- por navidad, debéis saber que lo único que recibí fue un poco de imaginación, otro poco de ilusión, y una pizca de esperanza para tratar de continuar con la historia.
¡FELIZ NAVIDAD!