Comenzaba un nuevo año, y tocaba volver a la universidad de Dublín, con Fiona acompañándome a la facultad de historia. Me decidí por estudiar historia desde que comencé a tener uso de razón. Me sorprendió la decisión de mi "compañera", nunca tuve constancia de que le gustase dicha carrera universitaria.
En los primeros días de clase sufrí lo que es conocido como "Síndrome postvacacional" pero tener a alguien como Fiona al lado me ayudaba a superarlo. Como trabajaba por las tardes, ganaba lo suficiente como para no pasar apuros, y es por lo que en muchas ocasiones Fiona y yo disfrutábamos de veladas románticas a la luz de la luna.
Recordaba lo que sufrí por no tenerla a mi lado, "Only know you love her when you let her go" Es cierto, solo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.
Estaba muy contento por estar con Fiona, pero siempre tuve la sensación de que me faltaba algo, el caso es que íbamos juntos a la universidad, y volvíamos de la misma y así día sí y día también, caímos en la rutina y nos costaba salir de ella. Ella no era muy expresiva, era insegura, algo tímida, por eso me encantaba, porque era tal y como soy. Traté de disfrutar de su presencia en todo momento, vivir hasta el último suspiro que transcurría junto a ella, la echaba tanto de menos después...
Una soleada tarde quedamos en el paseo que conduce al faro, un lugar que no he mencionado antes, pero que me encanta. Ante la ausencia de la luz, Fiona se las bastaba sola para hacer brillar aquella estancia, no sé qué es lo que brillaba, pero no le pude quitar el ojo de encima. No sé si conocéis la sensación que recorre vuestro cuerpo cuando estáis enamorados, cuando los labios de tu ser querido rozan con los tuyos, recordando las largas noches de sufrimiento que a su vez compensaban con los pocos segundos de inmensa felicidad.
La lluvia arrecía mientras la noche se echaba encima, la invité a pasar la noche en mi casa, ya que tuvimos que atravesar corriendo el paseo marítimo, y como ninguno de nosotros llevó paraguas, llegamos empapados a casa. Preparé café para ambos, y comencé a leer una de las novelas de Julio
Verne que reposaba en mi estantería, sin embargo, no recuerdo el título de la novela.